Alejandra Hernández/ Foto: Carlos Blanco
El interés por la longevidad no parece ser cuestión de moda, pues hoy muchos quieren sumarle a su calendario los beneficios de la salud, para que el espejo no delate las arrugas, ni el cuerpo los achaques del paso de la edad.
Es así como la medicina antienvejecimiento ha alcanzado gran popularidad y ya en nuestro país existen dos diplomados de la especialidad y 80 médicos ejerciéndola en todo el territorio.
Según explicó el Dr. Juan Carlos Méndez, presidente de la Sociedad Venezolana de Medicina Antienvejecimiento, durante el II Congreso Venezolano e Iberolatinoamericano de Medicina Antienvejecimiento y Longevidad, realizado en Caracas, los principios de esta disciplina no buscan frenar el avance de la vejez, pues asegura que éste es un proceso normal, natural y fisiológico, pero sí persiguen evitar que se dispare prematuramente.
“La velocidad de envejecimiento es relativa a cómo se alimenta la persona, qué tipo de ejercicios hace, si duerme bien o no, si maneja bien el estrés, su medio ambiente.
- Intervenir sobre estos factores puede incrementar en un 70% la calidad de vida de la persona y allí es donde nos
interesa dar nuestro aporte, refiere.
Explica que el proceso de envejecimiento se detiene aproximadamente a los 70 años y desde esa edad hasta que la persona muere va a mantenerse prácticamente igual, pero la idea es no esperar hasta alcanzar la séptima década de vida para enlentecer la vejez, sino ir trabajando en ello desde mucho antes, incluso en la infancia si es posible.
Resalta que hay que estar atento cuando se tengan 28 años, porque a esa edad el individuo está en su máximo potencial de vida y desde el punto de vista estadístico es en el septenio entre los 21 y 28 años donde las personas se enferman menos, están preparadas psicológicamente y profesionalmente y tienen un campo de acción bastante grande.
“Si nosotros pudiéramos mantenernos allí, sería óptimo, entonces a partir de ese momento se recomienda la aplicación de terapias antienvejecimiento, para que al alcanzar los 60 ó 70 años la persona esté por debajo de su edad cronológica”.
Pero lo más importante no es que aparentemos menos edad de la que tenemos, sino que se prevenga la aparición de enfermedades crónico-degenerativas como el cáncer, los accidentes cerebrovasculares, el infarto, la arteriosclerosis, o la osteoporosis.
Además, si se logra que la edad biológica del paciente se mantenga por debajo de los 49 años, procesos como la menopausia o la andropausia serán muy distintos, pues mediante la estimulación temprana de las glándulas suprarrenales se puede hacer que el mismo cuerpo produzca estrógeno y progesterona, entonces la caída hormonal propia de esta etapa será mucho más lenta y por ejemplo, la mujer no tendrá que tomar terapia de reemplazo hormonal.
Nutrirnos desde adentro
La nutrición celular viene a ser el reflejo de la nutrición corporal y sobre este punto expuso el Dr. Jorge Hidalgo, cirujano plástico y presidente de la Sociedad Peruana de Medicina Antienvejecimiento en el mencionado evento.
Según indica, existen dos grandes grupos de alimentos que son los macronutrientes (carbohidratos, proteínas y grasas) y los micronutrientes (vitaminas, minerales, oligoelementos, enzimas y Coenzimas) y dentro de cada uno de estos renglones existen comestibles que son aceleradores o inhibidores del envejecimiento. Por tal razón, debemos estar atentos con lo que nos llevamos a la boca si queremos lograr la anhelada longevidad.
Dentro de los macronutrientes hay que procurar reducir la ingesta de alimentos de índice glicérico alto como las harinas, azúcares simples y grasas saturadas, porque producen un exceso de radicales libres que destruyen el código genético de la célula, dando pie a la aparición de enfermedades como el cáncer.
Además, estos productos inhiben la producción de la hormona de crecimiento que es conocida también como la hormona de la juventud, pues generan problemas con la insulina. Por tal razón, hay que sustituirlos por carbohidratos complejos como los granos que tienen índice glicérico bajo, se absorben lentamente y además tienen proteínas. Sobre los micronutrientes, actualmente se le ha dado gran importancia a la Coenzima Q-10 o Ubiquinona, pues es una sustancia fundamental para la mitocondria, elemento presente dentro de la célula encargado de darle energía. Esta coenzima se encuentra en grandes cantidades en el músculo cardiaco, por tal razón, puede trabajar sin parar durante años.
Hidalgo resalta las bondades del selenio y el zinc, pues son micronutrientes con capacidad protectora, antioxidantes, anticancerígenos y estimulantes del sistema inmunológico, así como de la vitamina A, C y E que también son potentes antioxidantes.
Sin embargo, aclara que aunque la suplementación es necesaria porque los alimentos se les quitan todas sus vitaminas durante el proceso de refinación, tampoco es prudente hacerla sin supervisión médica, pues cada persona tiene sus necesidades particulares de estos nutrientes. Por ello, es necesario que el sujeto se haga un perfil de nutrición en sangre o en cabello y uñas (que permite ver esos valores intracelularmente) que determinará la cantidad de vitaminas presentes en su organismo, antioxidantes, oligoelementos.
Un adulto requiere 10 mg de selenio al día, 200 microgramos de zinc, de 500 mg a dos gramos de vitamina C, 10 mil unidades internacionales de vitamina A y 800 unidades internacionales de vitamina E. Actualmente existen vacunas antienvejecimiento que tienen todos esos compuestos en una sola dosis.
Células madre: inyección de juventud
Aunque la variable genética representa el 30% de las probabilidades que tenemos de envejecer a consecuencia de enfermedades heredadas de nuestros parientes, sobre este porcentaje también está trabajando la medicina antienvejecimiento y una de las últimas técnicas utilizadas es la inyección de células madre, conocida como terapia celular metamérica.
El procedimiento consiste en colocar células madre de la misma persona en la metámera, que son segmentos medulares donde los nervios salen de la médula ósea. Dichos segmentos se encuentran en cualquier órgano y si por ejemplo la persona tiene un problema cardiaco o del hígado, se insertarán las células allí y éstas a su vez van a migrar al órgano específico y repararán los problemas existentes.
“Se puede utilizar en todos los órganos, incluyendo la piel, pero yo le digo a los pacientes primero la latonería y luego la pintura. De hecho, muchos problemas de piel vienen de adentro, entonces tú resuelves adentro y afuera, explica el Dr. Juan Carlos Méndez.
En nuestro país esta técnica ya se está aplicando, pero antes de colocarla a un paciente debe determinarse primero cuál es su edad biológica, se compara con la edad cronológica y así se detecta cuál es el órgano del cuerpo más envejecido sobre el cual se aplicará la terapia.
La determinación de la edad biológica se hace a través de exámenes bioquímicos en sangre como la hormona de crecimiento, la dehidroepiandrosterona (DHEA), insulina basal y postprandial, glicemia, densitometría ósea, pruebas de reflejo digital, porcentaje de grasa corporal, índice de masa corporal y balance estático.
“Esta serie de elementos nos permiten ver dónde estás y para dónde vas, es como un mapa mental”, refiere.
Explica que las células madre se sacan de la misma persona, específicamente de la médula ósea por el área del esternón. De la cantidad extraída se escogerán nichos de células madre, luego se mezclarán con plasma rico en plaquetas y ya estarán listas para ser aplicadas.
La cantidad de células madre que se colocarán depende de cada paciente, los efectos de la terapia se ven aproximadamente al mes y se miden a través de los parámetros de biomarcadores de envejecimiento y bioquímicos que se practicarán semanalmente durante el primer mes, luego quincenalmente y posteriormente cada mes.
Pilares del antienvejecimiento
Lograr que la vejez no haga mella en nosotros requiere de esfuerzo, debido a que implica internalizar una nueva forma de asumir nuestros hábitos de vida y ponerlos en práctica cada día. Así que de nada vale hacernos terapias antienvejecimiento si primero no cumplimos con estos principios:
Alimentación sana antienvejecimiento. Esto implica olvidarse de aquellas dietas donde la persona pasa hambre a cambio de rebajar los kilitos de más y sustituirlas por una alimentación saludable para el resto de la vida, donde el 80% de lo que ingiramos sea beneficiosos para nuestro cuerpo.
Tener una actividad física regular. Es necesario que nos movamos y de hecho los principios de la medicina antienvejecimiento provienen de la medicina deportiva. Quien hace ejercicio mejora su condición cardiovascular, osteoarticular y muscular, tiene condiciones de vidas óptimas y come mejor.
Descansar. Es necesario que durmamos de seis a ocho horas, pero además que ese sueño sea reparador, pues en ese ciclo se producen hormonas como la de crecimiento que ayudan a regenerar tejidos y vasos sanguíneos, aumentan la masa muscular y bajan la grasa. Este es un punto fundamental sobre el que hay que hacer hincapié, porque lamentablemente el 80% de las personas no duerme bien.
Mantener una actitud mental y emocional positiva frente al estrés. Según explica Méndez éste es un proceso natural y necesario, pues la falta de estrés genera la angustia de no estar haciendo nada, mientras que el exceso ocasiona desgaste de los sistemas de adaptación, afectando las glándulas adrenales, estimulando la hipertensión arterial, daños en el corazón, las arterias y el estómago. “La idea es lograr un manejo adecuado del estrés donde tienes dos opciones o luchas ampliando tu capacidad o huyes”.
Mejorar el medio ambiente particular. Lograr un clima de armonía y simbiosis en los lugares donde se desenvuelve cada persona como su hogar o el trabajo, debe ser la meta. Además, refiere Méndez que es fundamental la relación que tenga cada individuo con Dios, pues se ha demostrado que quienes creen en él poseen mayor longevidad, ya que tienen una fe que está por encima de ellos.
ppmt2007.-