Es bueno el cilantro, pero no tanto; así reza un proverbio popular que se acerca bastante a la realidad de la higiene excesiva. Se dice que todos los extremos- hasta los de amor- traen consigo consecuencias y esto sucede también en el caso de aquellos que viven para bañarse, lavarse las manos, limpiar todo lo que tienen a su paso y antes de dormir volver a asearse, usando desinfectantes corporales, como si fueran instrumentos de cirugía que deben ser sometidos a esterilización.
Según Marc McMorris, médico de la Universidad de Michigan especializado en este tipo de patología, el estilo de vida “limpio” hace que nuestros organismos no necesiten luchar contra los gérmenes como lo hacían antes, y que el sistema inmunológico en vez de combatir la infección desarrolla mayor tendencia alérgica.
Dice el especialista norteamericano que nuestro sistema inmune es capaz de combatir las infecciones causadas por bacterias, virus y parásitos, pero también reconoce sustancias externas al organismo y elementos causantes de alergias. Asimismo, otros galenos dicen que parte de la responsabilidad humana radica en que muchos habitan en lugares encerrados y ventilados sólo por aire acondicionado (o calefacción donde hace frío), hallándose ahí importantes cantidades de partículas de polvo, causantes directos de alergias.
A juicio de María Elisa Flores, médico inmunólogo, todo comenzó con la llamada teoría de la higiene, despertada en pacientes quienes pensaban que la alergia se evitaba cuando las personas estuvieran menos en contacto con cualquier factor de riesgo. “Los médicos se empezaron a dar cuenta que los niños que viven en ciudades, donde más se cumplía la teoría de la limpieza, tenían muchas más enfermedades alérgicas severas que los niños que vivían en granjas en contacto con animales y un medio de limpieza menos intenso que el de las ciudades. Tras estudios, se dieron cuenta de que muchos de los alérgenos (elementos que pueden inducir una reacción de hipersensibilidad alérgica en personas susceptibles) que uno considera que eran los desencadenantes de las alergias, eran más bien protectores”, comenta. En tal caso, los antígenos (sustancias que desencadena la formación de anticuerpos y causan una reacción inmunitaria) en lugar de desencadenar la respuesta TH2 la cual es la que causaba la alergia, producían una respuesta TH1 que era la contestación protectora “y ahí se empezó a llevar un cambio de conducta porque nada vale tener al niño aislado del planeta entero”.
Muy cierto es que quien está en contacto con lo que lo rodea, genera anticuerpos, y al contrario de lo que se pensaba anteriormente acerca de esos anticuerpos producen alergias, son más bien protectores ya que bloquean el desencadenante de la alergia. Por ello, la recomendación parte de mantener a cada persona en una condición de relativa limpieza evitando favorecer el desarrollo de las alergias respiratorias. En el ámbito de piel, está comprobado que a medida de que se limpie más, se retira el sebo (protección), haciéndola más propensa no sólo a la parte alérgica sino a la colonización por agentes infecciosos. Buena parte de esa responsabilidad la tiene el jabón, cuyo uso indiscriminado destruye el sebo, producido precisamente por las glándulas sebáceas. “Todas las bacterias caen sobre la capa de sebo y si se retira esa sustancia repelente, los virus y hongos entran en contacto directo con la piel”.
Del uso de antibacteriales
Con respecto al uso de bactericidas o de geles antibacteriales, la especialista asegura que en principio no producen daño, pues se basan principalmente en alcohol, y no son como los jabones o detergentes que borran la capa de grasa. Sin embargo, si se usan en extremo, ellos también pueden eliminar la barrera protectora. “Estoy de acuerdo con usarlos ante un intercambio contagiante y de hecho los médicos los emplean cada vez que examinan a un paciente, pero no se puede usar cada media hora o cada vez que toco una puerta, porque generaría daño. El uso prolongado o frecuente es negativo porque el alcohol reseca”.
Dermatitis atópica
Es una enfermedad alérgica e inflamatoria de la piel en la que se destaca una erupción crónica de la misma, se presenta más que todo en los niños y es producida por la actividad inflamatoria alérgica que tiene como blanco la piel. Además, una de sus características es no generar la cantidad de grasa requerida por la piel (sebo); en pocas palabras, ocurre un déficit de la producción del mismo y por tanto estos pacientes sufren frecuentemente infecciones cutáneas.
En este caso, los médicos limitan al paciente el número de baños a una sola vez al día; no se deben bañar más de 5 a 7 minutos y se les prohíbe el uso de jabón, el cual sólo se emplearía para genitales, axilas y pies, siempre con jabones con un alto contenido en grasas. Además, se les receta vaselina y aceites para que recuperen esa barrera protectora grasa de la dermis.
La dermatitis atópica suele comenzar durante la lactancia con lesiones en las mejillas que se prolongan al resto del cuerpo a través del cuello, muñecas y pliegues de flexión. Una de sus principales características es la fuerte picazón, lo cual al rascarse puede generar lesiones que a su vez tienden a infectarse.
Diario El Carabobeño / Revista Paréntesis/ppmt2010.-

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