Remisión es el nombre que recibe esa estación de llegada a la que algunos pacientes, de acuerdo al tipo de cáncer, acceden luego de someter la enfermedad a estrepitosos descensos que se ven materializados en radio o quimioterapias, en paralelismo con tratamiento oral.
Basada en la experiencia que tiene en el trato de pacientes desde la Unidad de Médula Ósea de la Ciudad Hospitalaria “Dr. Enrique Tejera”, Marvelys Davalillo sabe que “muchos pacientes no logran la remisión debido a que a veces no conseguimos la quimioterapia completa en el país, la persona tiene que esperar; si no hay dinero para un trasplante recae, y pudiera volverse resistente a las próximas sesiones o, incluso, morir”.
La asistente investigativa de Ciencias Naturales y Básicas en la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad de Carabobo indica que, en este caso de los enfermos que requieren un trasplante de médula ósea, la farmacorresistencia está signada por cuestión de tiempo y condiciones puntuales del paciente. No todos la desarrollan.
El Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos interpreta la farmacorresistencia como la falta de respuesta de las células cancerosas, los virus o las bacterias a un medicamento utilizado para eliminarlos o debilitarlos.
Células, virus o bacterias pueden volverse resistentes al fármaco no sólo al comienzo del tratamiento; también es posible que lo hagan después de haberse expuesto a él.
En el tiempo puede existir un grupo de células tumorales o colonias, llamadas cepas, que comienzan a formar un escudo protector. “Si la droga es azul y ellas tienen un escudo contra ese color, no pasa. Pero, si se la cambiamos a verde, comienza a entrar y la célula tumoral se apresta a diseñar una protección de ese color. Así nace la resistencia”, ejemplifica Nuria Marrero, jefa del Servicio de Oncología Médica en el Hospital “Dr. Miguel Pérez Carreño”.
Cuando la célula tumoral aprende
Médicamente, la farmacorresistencia es un hecho cuando el principio activo de las medicinas deja de entrar a las células a través de canales especiales. “Con el tiempo, la célula tumoral aprende a cerrarlos, para que no entre la droga y ella no pueda morir”.
Lo anterior es una reacción natural de cada célula tumoral, caracterizada por tener una veloz capacidad de replicación o división anómala en el cuerpo. Libremente viajan del lugar donde nacieron a otro lado, donde se siembran y esparcen la mala semilla del cáncer. “La ventaja entonces de la quimioterapia, como complemento del tratamiento, es que actúa sobre todo el organismo”, porque viaja por todo el torrente sanguíneo.
El pulso del cáncer se mide en función de ciclos, fortuitos e impredecibles. Cada 21 ó 28 días sobreviene otro nuevo, y la dinámica del caso impone la ruta que el médico trazará. “Si un paciente es diagnosticado y desarrolla cinco ciclos de 28 días, por ejemplo, y en cada uno necesita tres o cinco medicamentos, posiblemente ya en el tercer ciclo exista una resistencia a alguno de ellos y haya que retroceder en la programación que se pensó al principio”, expone Davalillo.
Cuestión de tiempo
Marrero, internista y oncólogo del “Pérez Carreño”, aclara que el cáncer se manifiesta a través de dos entidades bien diferenciadas: tumores sólidos y tumores hematológicos. Los segundos se expresan por medio de linfomas, mielomas y leucemia, las tres malignidades de la sangre que atiende con mayor frecuencia la Unidad de Trasplante de Médula Ósea de la CHET.
Con 24 años como carta de presentación, es el único centro público de toda Venezuela especializado en el tema. En ese arduo trabajo le acompaña el Hospital de Clínicas Caracas, de naturaleza privada.
Al cierre del año 2009, en Valencia reposaba una lista con 230 nombres correspondientes a personas de todo el país que esperan la alineación del reloj biológico y cancerígeno a la hora en punto de una remisión. Sonará entonces la alarma del trasplante.
Las malignidades de la sangre son progresivas y el trasplante muchas veces no espera segundas oportunidades. Se tiene que hacer sólo cuando el paciente esté libre de la enfermedad. Si se deja pasar mucho tiempo, reiniciar el tratamiento puede significar que las células cancerígenas se robustezcan y ya no quieran dejarse “seducir” por el principio activo del fármaco. Es posible que esto le haya pasado a alguno de los 189 adultos, 9 niños y 32 bebés que engruesan la lista de espera en la CHET. El primer anotado está en ella desde febrero de 2008. Un trasplante en el sistema privado puede costar entre 100 mil y 130 mil bolívares fuertes.
Como una fábrica
El trasplante de médula ósea admite dos variantes: una de tipo autólogo, en la que se emplean células estimuladas del mismo paciente, y otra de carácter halogénico, con células estimuladas de un hermano que tenga compatibilidad de órganos con el paciente, que fungirá como donante.
La médula ósea es una especie de esponja de sangre recubierta por un caparazón duro que son todos los huesos del cuerpo. Este tejido blando, coloquialmente llamado tuétano, es la única fábrica de sangre del cuerpo (llamada hematopoyesis).
En la intimidad del hueso se generan las células madre que dan origen a plaquetas, glóbulos rojos y blancos (los tres tipos de células sanguíneas que nadan por todas las venas del cuerpo). La médula ósea no se debe confundir con la médula espinal, la que se explaya por la columna y transmite los impulsos nerviosos.
El trasplante de este tejido es uno de los más curiosos y delicados que pueda admitir el cuerpo humano. Su protocolo operativo se asemeja a una transfusión sanguínea y procede de esta manera: se extraen células madre a través del torrente sanguíneo -ya estimuladas al paciente o al donante según el tipo de procedimiento-, se criopreservan al tiempo que la persona se somete a una nueva quimioterapia, se descongelan e infunden a las venas por medio de un catéter, para que finalmente regresen completamente mejoradas a la médula. Insuflan vida nueva y la salud reverdece.
Daniel Pabón / Fotos: Robert Mogollón
ppmt2010.-

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