El estudio del factor masculino como causa de infertilidad en el manejo de la pareja con dificultades de procrear, ha incrementado en los últimos tiempos su incidencia respecto a lo que era considerado como un problema netamente femenino.

A partir de los bajos índices de nacimientos registrados en los países desarrollados en las últimas tres décadas, los sistemas de salud y los gobiernos de dichas naciones, enfocaron esfuerzos adicionales para perpetuar sus poblaciones, utilizando métodos incentivos asociados como facilidades fiscales, beneficios económicos y todo lo necesario respecto a la atención médica de esos incipientes embarazos, más, se encontraron con el hecho de que no todas las parejas que se avocaban a ello, lo lograban.

La pareja infértil tiene características etarias propias, es decir, nos encontramos un mayor número de casos en ese respecto al final de la tercera y durante la cuarta década de la vida.

Debido al ritmo de vida que impone la sociedad en la actualidad, los jóvenes que deciden en forma programada iniciar una familia, buscan tener un respaldo económico y emocional que les permita tener éxito en la mencionada meta.

Nos referimos a éxito profesional, que incluye cinco años o más de formación universitaria o profesional de cualquier índole, cierta experiencia laboral (2 a 3 años), una relación sentimental estable que haya soportado el paso del tiempo (1 a 3 años) y luego un matrimonio que por lo general, no plantea descendencia hasta un segundo o tercer año de vida conyugal.

Al final de dicha etapa, el hombre está en una edad entre los 28 y los 32 años. Durante ese tiempo, pueden haberse instalado alteraciones a nivel del aparato reproductor masculino, silentes, sin ningún tipo de sintomatología, que pueden alterar la producción del semen y su calidad. Nos referimos a procesos infecciosos crónicos, alteraciones vasculares (varicocele) o complicaciones tardías por traumatismos previos (práctica de deportes, accidentes, etc.).

De igual forma, el efecto ambiental al cual se encuentra sometido cada hombre desde el punto de vista laboral o sus hábitos propios (tabaco, drogas, etc.) esboza factores mórbidos adicionales que, asociados o no a una condición genética inherente, desarrollan sin manifestación clínica alteraciones en la producción de espermatozoides.

A todo ello agregamos el hecho que los sistemas de seguridad social pública o privada en muchas partes no cubría o cubre, como en el caso de nuestro país, los gastos inherentes al diagnóstico y tratamiento de dichas alteraciones, lo cual limita aún el avance en la obtención de nuevos conocimientos en este respecto.

Mecanismo de prevención

Es menester indicar que en muchos casos, dichas alteraciones son irreversibles, por lo que, mientras no existan otros métodos o alternativas, la prevención puede utilizarse como un arma inicial en el caso del hombre infértil.

La consulta médica preventiva a partir de los 21 años de edad, que incluya evaluación de la calidad del semen, estudio de imágenes testiculares por técnicas doppler, examen físico y en muchos casos, por qué no, hasta la criopreservación del semen, son algunas alternativas.

Esa consulta temprana con el urólogo en el caso masculino permitirá, quizás, disminuir la incidencia de esta problemática, situación ya planteada y probada en la mujer.

Dr. Francisco García Belandria / Urología e Infertilidad Masculina CEVALFES

ppmt2010.-