Antes de aclarar su significado, simplifiquemos su nombre usando las siglas EA. Eso sí, descifremos el nombre de la Espondilitis Anquilosante por secciones: Espondil se debe a que refiere a la espina dorsal; itis significa inflamación y Anquilosante se debe a la palabra rigidez. Por ello, Ricardo Riera, médico reumatólogo, dice que cuando se presenta esta enfermedad inmediatamente se piensa en fijación o fusión, pues la EA tiene como aspecto primordial el de soldar las articulaciones entre sí. Las articulaciones y ligamentos que comúnmente permiten a la espina moverse y flexionarse, terminan inflamados.

La espondilitis forma parte de una familia de afecciones llamadas espondilopatías o espondiloartropatías seronegativas, porque el resultado del análisis de sangre FR (factor reumatoideo) es negativo, a diferencia de la artritis reumatoide que es positivo, aunque ambas afectan a las coyunturas; sólo que la EA ocurre más frecuentemente en hombres en edades tempranas como la adolescencia y la juventud, aunque “el paciente da muchas vueltas desde tener síntomas hasta que se le diagnostica la enfermedad”, comenta Riera.

Su origen se atribuye a la combinación de dos factores: el genético (donde se miden los antecedentes familiares de esta enfermedad) que es la presencia del marcador o antígeno HLA-B27, el cual es positivo y también por infección. Eso quiere decir que existe un componente muy fuerte del factor genético, pero en algunos de los casos se dispara la enfermedad por presencia de un proceso de índole infeccioso.

Los pacientes con EA comienzan con un lumbago que aparece y desaparece. El dolor generalmente se torna peor en la mañana o cuando no se está activo. Comienza en las articulaciones sacroilíacas (entre la pelvis y la columna). Con el tiempo, puede comprometer toda o parte de la columna. Tiene estadios que se ven en las articulaciones a través de radiografías donde se le dan grados al problema, aunque no existen como tal sub-categorizaciones.

Los primeros síntomas son articulares. Puede ocurrir que durante el desarrollo de la enfermedad se produzcan inflamaciones oculares en el iris, en la úvea, causando dolor y enrojecimiento ocular y fotofobia. También consiguen ser afectados otros órganos como los riñones y pulmones. El paciente con el transcurrir en el tiempo puede presentar síntomas de psoriasis o de enfermedades inflamatorias del intestino, incluso irregularidades con la válvula aórtica del corazón y problemas del ritmo cardíaco.

“El caso típico es aquel que se queja de dolor constante en la columna, un dolor con el que se amanece y que se da cuando se descansa, que duran más de tres semanas, que se alivia con la actividad del cuerpo. Lo que lo diferencia de los lumbagos tradicionales. Muchos son operados pensando que se tiene un problema de ciática y lo que tienen es un proceso inflamatorio de la columna”, refiere Riera.

La EA puede llegar a ser incapacitante, pues como ya se ha dicho es una soldadura en la columna. Además cuesta expandir el tórax, lo cual pone en compromiso las articulaciones intercostales “y el paciente queda rígido como si estuviera atado a una cabilla, eso le impide hasta atarse los zapatos”.

la presencia del marcador o antígeno HLA-B27, el cual es positivo y también por infección. Eso quiere decir que existe un componente muy fuerte del factor genético, pero en algunos de los casos se dispara la enfermedad por presencia de un proceso de índole infeccioso.

Los pacientes con EA comienzan con un lumbago que aparece y desaparece. El dolor generalmente se torna peor en la mañana o cuando no se está activo. Comienza en las articulaciones sacroilíacas (entre la pelvis y la columna). Con el tiempo, puede comprometer toda o parte de la columna. Tiene estadios que se ven en las articulaciones a través de radiografías donde se le dan grados al problema, aunque no existen como tal sub-categorizaciones.

Los primeros síntomas son articulares. Puede ocurrir que durante el desarrollo de la enfermedad se produzcan inflamaciones oculares en el iris, en la úvea, causando dolor y enrojecimiento ocular y fotofobia. También consiguen ser afectados otros órganos como los riñones y pulmones. El paciente con el transcurrir en el tiempo puede presentar síntomas de psoriasis o de enfermedades inflamatorias del intestino, incluso irregularidades con la válvula aórtica del corazón y problemas del ritmo cardíaco.

“El caso típico es aquel que se queja de dolor constante en la columna, un dolor con el que se amanece y que se da cuando se descansa, que duran más de tres semanas, que se alivia con la actividad del cuerpo. Lo que lo diferencia de los lumbagos tradicionales. Muchos son operados pensando que se tiene un problema de ciática y lo que tienen es un proceso inflamatorio de la columna”, refiere Riera.

La EA puede llegar a ser incapacitante, pues como ya se ha dicho es una soldadura en la columna. Además cuesta expandir el tórax, lo cual pone en compromiso las articulaciones intercostales “y el paciente queda rígido como si estuviera atado a una cabilla, eso le impide hasta atarse los zapatos”.

Un tratamiento para controlarla

La espondilitis anquilosante no tiene cura. Es una afección crónica o de larga duración que debe ser diagnosticada a tiempo por un médico reumatólogo. Gracias a la aparición de los medicamentos “biológicos” existe un notable incremento de respuesta en los pacientes, quienes logran rápidamente recuperar sus funciones cuando la enfermedad es tratada tempranamente.

Además de los biológicos, se usan tratamientos basados en analgésicos y antiinflamatorios no esteroides (AINES) para reducir la inflamación y el dolor. Los especialistas aconsejan que el mismo venga acompañado por gimnasia y fisioterapia para conservar la movilidad de las articulaciones y evitar el deformamiento paulatino de la columna vertebral, como el yoga, pilates o la natación para fortalecer la espalda y aumentar la capacidad pulmonar. La intervención quirúrgica sólo debe pensarse cuando las articulaciones están muy dañadas y la movilidad se ve comprometida en un altísimo porcentaje.

Recomendaciones

El portal dmedicina.com propone algunas medidas de prevención para quienes sufren de espondilitis anquilosante.

Luego de aceptar sus limitaciones para evitar mala evolución y preservar su calidad de vida, la persona debe:

Evitar las malas posturas.

No utilizar fajas o corsés que inmovilicen la columna.

No estar demasiado tiempo en la cama o sentado.

No levantar demasiado peso.

No fumar para no perjudicar la función respiratoria.

Darse una ducha matinal para relajar los músculos y aliviar la rigidez matutina.

Hacer ejercicio físico moderado a diario.

Teresa Broggi / tbroggi@el-carabobeno.com

PPMT2010.-