Eduardo Ortega su próstata le estaba haciendo una mala jugada. Era la responsable de que se parara cuatro y cinco veces a orinar en las noches, tenía una presión permanente en la vejiga, así que en una cola de banco o en medio del tráfico debía buscar con urgencia un baño.


Había tenido dos problemas de prostatitis aguda, busca ayuda y le detectan hiperplasia prostática benigna, un recrecimiento de esta glándula característico en hombres mayores de 40 años y que ocurre por cambios hormonales, antecedentes familiares, o debido a la promiscuidad.

Por sus síntomas fue uno de los tres candidatos seleccionados para probar una técnica que pronto será utilizada en Valencia y ya tiene año y medio en el mundo: el plasma vaporization.

Esta herramienta usa un equipo similar al de la resección transuretral, método donde el paciente es sedado de la cintura hacia abajo, se le introduce por la uretra una cánula cubierta de gel lubricante similar a un lápiz que lleva el instrumental quirúrgico hasta la próstata y allí la rebana internamente.

La diferencia es que en lugar de cortar el tejido con un metal, tiene un electrodo en cuya punta aparecerá una corona de plasma (estado entre líquido y gaseoso) cuando alcanza temperaturas superiores a los 100°C que al entrar en contacto con el tejido prostático lo vaporiza y cauteriza de una vez, evitando el sangrado. La próstata tiene el tamaño de una nuez y el 70% de su composición es agua, así que los métodos de vaporización son efectivos cuando ocurre recrecimiento de esta glándula, encargada de producir el líquido prostático que alimentará a los espermatozoides en su viaje al óvulo.

Util en otros casos

El plasma vaporization puede usarse para la resección benigna de la próstata y en la coagulación de ramificaciones de tumores de vejiga. Yuri García pudo beneficiarse por el segundo caso. Tenía meses con dolores que no eran para "tirarse en la cama", pero le limitaban en ciertas actividades físicas y su trabajo.

Le diagnostican tumor de vejiga y recrecimiento benigno de la próstata. Los médicos extraen el tumor, se toman biopsias, cauterizan, pero a la vez reducen un poco la próstata con el plasma para que no tenga problemas urinarios mientras espera una segunda operación.

La cirugía se inició a las 6:00 am y al mediodía Yuri estaba de pie. "Luego de la operación tomé agua, no siento molestias y me voy de alta esta tarde".

"Sólo cuando hay vasos muy importantes es posible que exista algún tipo de sangramiento, pero el especialista puede pasarle por encima con el electrodo al vaso, se coagula y termina el sangrado", menciona Deny Sánchez, gerente de urología y energía para América Latina de la Corporación Olympus.

El sangramiento posterior a las operaciones de próstata es un síntoma temido por el urólogo porque puede producir coágulos que generarán obstrucciones, pero en los casos operados se observó un fluido de orina normal y con mínima presencia de sangre.

Eduardo requirió después de la cirugía que le colocaran una sonda por menos de 24 horas, uno de los beneficios de este método comparado con otros donde debe usarse por tres días o más. "Me siento magnífico, no tuve dolor, caminé, di mis vueltas, el drenaje está bien, todo perfecto, estoy muy contento y mañana regreso a casa".

Para el hombre este es un beneficio extraordinario, pues no hay cosa más molesta que una sonda a través de la uretra "porque mientras la tenga se va a sentir enfermo", destaca Paúl Escovar, director del Instituto Docente de Urología.

Para todos los tamaños

Como la próstata se encuentra entre la vejiga y la uretra, cuando empieza a recrecer puede alcanzar un peso de 60 a 70 gramos y presiona tanto que el flujo de orina se hace más lento y menos fuerte.

Para glándulas de estas dimensiones o aún mayores es útil el plasma vaporization y ofrece ventajas sobre el láser, otro método usado para vaporizar la próstata, pero que sólo puede aplicarse en aquellas cuyo peso sea menor a 60 gramos.

"Con esta herramienta se puede retirar hasta el 90% de la próstata de forma homogénea. Es más segura en términos visuales, rápida y genera menos síntomas irritativos en el paciente al orinar", detalla Escovar.

Resecar una próstata con láser puede tomar una hora, mientras que con el plasma se hace en 30 minutos. Además esta tecnología es más económica, requiere menos de un día de observación y a la semana la persona vuelve a sus actividades. "Es un método interesante para el sistema de salud pública y podría aplicarse en un ambulatorio".

El plasma también beneficia al urólogo porque no tendrá que hacer un entrenamiento especial para usarlo, pues los equipos son similares a los que maneja habitualmente.

Suplemento Medico/Alejandra Hernández/ppmt2009