Según el diccionario de la Real Academia Española, el término “amistad” se refiere a un afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato. Pero cuántos de nosotros no hemos sido decepcionado por alguien a quien habíamos considerado “amigo (a)” y hasta hay algunos que solían llamarlos “mejor amigo (a)”. ¿Entonces en ese caso, hubo alguna vez una amistad?

Estamos claros que no fuimos concebidos para ser ni estar solos, como seres sociales, necesitamos interactuar con otras personas, necesitamos de su afecto, apoyo, reconocimiento y claro está, cuando surgen lazos más fuertes, de su amistad.

Siempre se ha debatido el hecho de cómo hacemos los amigos, cómo llegamos a elegirlos, ¿será acaso cuestión de gustos o es algo que tiene que ver con las circunstancias? Retrocedan en su memoria diez años atrás y pregúntense: ¿Qué tanto ha cambiado nuestra red social? ¿Aún conservamos aquellos a quienes considerábamos amigos?, de ser afirmativo considérese afortunado, pues especialistas y estudios realizados aseguran que el contexto en el que conocemos a alguien influye en nuestra red personal. Y lo que es más interesante aún: perdemos la mitad de los miembros de nuestro entorno social ¡cada siete años!

¿Sería su amigo del alma su mejor amigo si no hubiera estado con él en la misma clase o en el mismo trabajo durante dos años? O si en lugar de haber conocido a su mujer a través de “un pana” en común, la hubiese conocido en un bar de mala muerte, ¿seguiría siendo su esposa?

Para responder estas interrogantes el sociólogo Gerald Mollenhorst encuestó sobre sus relaciones personales y cómo había conocido a sus amigos, entre otras preguntas, a 1.007 personas entre 18 y 65 años de edad. Siete años después volvió a contactar con los mismos aunque de todos ellos sólo 604 estaban dispuestas a ser entrevistados de nuevo.

Entre otras conclusiones, el comunicado de prensa aseguraba que Mollenhorst confirmó que nuestro entorno social no está basado solamente en elecciones personales y estas elecciones están limitadas por las oportunidades que se tiene de conocer gente y más aún, la amplitud que nuestros amigos se conocen entre sí depende fuertemente del contexto en el que la gente conoce a los demás.

Solemos separar, nuestros compañeros de trabajo, los de farra, los de deporte, los del club y los amigos, aunque en oportunidades se suelen mezclar uno que otro.

En lo que a cifras se refiere el estudio afirma que en el transcurso de siete años remplazamos a muchos miembros de nuestra red. Sólo un 30% de ellos estará con nosotros luego de ese tiempo. De allí me recuerda la frase de Benjamín Franklin: “Tómate tiempo en escoger un amigo, pero sé más lento aún en cambiarlo”.

Así que si tiene un amigo, valórelo, cuídelo, sepa apreciarlo, no importa por el tiempo que sea.

“Los amigos no son ni mucho ni poco, sino los suficientes”, Hugo Von Hofmannsthal.

Ronmer Piamo / rpiamo@el-carabobeno.com/ppmt2009.-