A pesar de que los cristianos vienen celebrando el nacimiento de Cristo desde hace siglos, la esencia del acontecimiento y las formas de manifestarlo han ido cambiando a lo largo del tiempo.
La globalización, Internet, los medios de comunicación y otros factores han incidido en las costumbres de cada país.
En Venezuela, el centro de la Navidad siempre ha sido el pesebre. Cuenta el libro Estampas Caraqueñas, de Graciela Schael Martínez, que “desde fines de noviembre o comienzo de diciembre, empezaban en los hogares la actividad para montar el pesebre casero, orgullo de todos, el cual ocupaba un gran espacio en el sitio de honor de la casa: salón, corredor o comedor principal. Durante muchos días, alrededor de él se veía al grupo familiar en donde la abuela y los niños eran figuras principales”.
Las misas de aguinaldo, que se inician a mediados del mes de diciembre, tampoco son muy populares hoy en día, principalmente por los problemas de seguridad reinantes en las grandes ciudades, las cuales son azotadas por este flagelo que obliga a los venezolanos a olvidarse de estas bellas tradiciones.
“En ellas, alegres voces cantaban los aguinaldos o villancicos que acompañaban el armonio y las maracas. Después, a la salida del templo, en sus cercanías se detenían los fieles ante los puestos de café negro, aromático y humeante, y las arepitas con su sabor de anís y papelón, color de bronce y forma de globito aerostático, deleite del paladar de chicos y grandes. Luego formando grupos diversos, los madrugadores emprenderían breves excursiones hacia cualquier sitio de la ciudad más cercano al templo donde asistieron a estas misas de aguinaldo, que se llaman así por los cantos, por los aguinaldos o cantos juveniles ante el nacimiento”, relata Schael Martínez.
Sin embargo, también hay costumbres que se han mantenido y crecido, como por ejemplo el esmero con que se decoran los espacios públicos más transitados de las grandes ciudades, incluyendo los grandes centros comerciales.
“Se alegran las calles con adornos luminosos y multicolores. En las vitrinas de los comercios lucen arbolitos, nacimientos, flores, juguetes, trajes deslumbrantes, joyas y adornos. Un constante ir y venir de gente en busca de regalos o aguinaldos que brindará su alegría o sorpresa a quien se destine. En el aire ecos de cantos, villancicos, aguinaldos y gaitas. En los hogares, especiales adornos navideños. En algunos también nacimientos. Alegría y prisa en los quehaceres y en los preparativos para el menú de Nochebuena, en el que la hallaca es la reina, verdadero monumento culinario de aroma y sabor inigualables”, refiere.
Y es precisamente la cena navideña del venezolano lo que también se ha incrementado, con la inclusión, por ejemplo, del pan de jamón, de la ensalada de gallina, de la torta negra, el dulce de lechosa, del panetón... y muchas otras delicias que no se acostumbraban a comer en tiempos de antaño.
Entre las antiguas costumbres que hoy perduran está también la de estrenar en la Nochebuena, una preocupación que llena calles y comercios hasta última hora.
Según afirma Schael Martínez en su libro Estampas Caraqueñas, “se estrena de pie a cabeza para asistir a misa de medianoche. Es un homenaje al Niño Jesús la ofrenda del placer de vestir nuevas galas, que al visitarle se le hace”.
ABN/REDACTA/ppmt2008.-

Los comentarios están cerrados