Las Navidades son un tiempo de mucha magia, de alegría contagiosa, tiempo de esperanza, de emoción para los niños y para aquellos que pueden ser como niños. Sin embargo, también son tiempos de mucho estrés, se culminan los trabajos pendientes, muchos trabajan más en esta fecha, las cuentas por pagar se elevan, los compromisos sociales se unen a las actividades diarias, trayendo trasnocho e indigestiones. La familia se reúne y llegan miembros que se ven muy poco durante el año. La convivencia se hace más compleja, la coordinación de las actividades más elaboradas y cada miembro de la familia tienen expectativas distintas.

Muchas personas caen en estrés financiero. A otros les toca pasar las Navidades alejados de su familia o con una familia que no es la suya. Se desata la nostalgia para algunos, la tristeza para otros, discusiones y peleas entre familia; y muchas veces las Navidades no resultan como se esperaban. Sin embargo, para evitar que esto suceda y para que reine la alegría, hay que cambiar la actitud y soltar las expectativas personales de lo que queremos recibir, hacer u obtener. Volcarse hacia los otros y no alimentar el egoísmo o la mentalidad de víctima, es el antídoto. En el presupuesto es importante también ser comedidos, no gastar más de lo que se tiene para evitar la crisis en enero. Ser honesto con la familia ayudará a que todos se ajusten al presupuesto.

Al cambiar la mentalidad de recibir por dar, se desata el espíritu de la Navidad que es paciencia, tolerancia, paz y amor. El amor se muestra de muchas maneras: con nuestras palabras, con una canción, una carta, o un poema. Asistiendo en la cocina, jugando o contándoles cuentos a los niños, proporcionando alegría.

Hacernos la pregunta: ¿A quién puedo ayudar en estas Navidades? ¿Qué puedo darles a las personas que me rodean? Cambiará nuestro enfoque y nos aliviará de expectativas individuales que más bien nos pueden acarrear frustración. Pensar en "ganar-ganar", ceder el deseo propio a favor de la alegría y la paz de todos, compartir con el que nos necesita, agradecer lo que tenemos, recordar y bendecir a los que no están a nuestro lado, es sacar la grandeza de adentro de nosotros. Las Navidades pueden ser mágicas si amamos. Son una ocasión donde más que alimentar y vestir al cuerpo podemos ir más adentro de nosotros y alimentar los buenos pensamientos, los buenos deseos, el agradecimiento y la renovación del espíritu en los actos de amor al prójimo.

(*) Psicólogo y consultora en liderazgo y éxito integral. 0414 4117331.

Alison Salas McCarthy (*)
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