La crisis económica mundial en que estamos inmersos, acelerará los cambios necesarios entre los médicos y la industria farmacéutica, tema éste que ha estado sobre el tapete desde hace varios años y es motivo de profunda preocupación entre los líderes de ambos grupos, debido a evidentes distorsiones y abusos que deben ser evitados. Consecuencia del desplazamiento del poder económico, durante el pasado siglo, desde los médicos, hospitales, escuelas de medicina e incluso de muchas instituciones benéficas enfocadas en la salud, hacia la creciente y hoy día poderosa industria farmacéutica, que tempranamente encontró un nicho estratégico de estrecha colaboración con el gremio médico, apoyando económicamente a los numerosos eventos educativos de las diversas especialidades médicas y quirúrgicas (llámense congresos internacionales, regionales, nacionales o locales, jornadas, seminarios, etc.). Era la perfecta simbiosis en la que todos ganan, los profesionales de la medicina en su necesidad de actualizar sus conocimientos, en continuo y exponencial crecimiento y los laboratorios farmacéuticos, encontrando el lugar apropiado para demostrar a los facultativos sus productos, programas y logros.
Como siempre sucede, una relación tan estrecha y prolongada, va desarrollando con el tiempo vicios que deben ser corregidos, so pena de crear fracturas penosas e innecesarias, que es un poco lo que está ocurriendo desde hace años y amerita una reconsideración ética bien pensada que establezca unas normas que eviten los abusos que ocasionalmente ocurren.
El alto costo de los medicamentos patentados en los Estados Unidos está creando un malestar incontrolable, ya que los consumidores comparan los precios de las mismas medicinas en su propio país y en el extranjero (incluyendo países limítrofes como Canadá, donde los precios de las medicinas están controlados por el gobierno, y generalmente representan una fracción de los de EE.UU.).
Hace ya unos cuantos años la industria farmacéutica venezolana (laboratorios extranjeros y nacionales) estableció una institución sin fines de lucro, la Fundación Vargas, que tuvo una distinguida actuación promoviendo y financiando la investigación médica, especialmente los estudios clínicos, y además -en estrecha colaboración con la Academia Nacional de Medicina- se creó en ese entonces una beca a perpetuidad en el Pembroke College de la Universidad de Oxford, para estudios de postgrado de médicos venezolanos, que viene funcionando con notable éxito desde hace más de tres décadas. Por razones que desconozco ésta feliz y memorable iniciativa tuvo una duración limitada y dejó de existir hace años.
Recientemente al asistir a un congreso mundial de mi especialidad en Buenos Aires, pude comprobar que efectivamente algo marcha mal en el sistema existente, observando largas colas de los asistentes al evento ante las casetas de quienes exponían sus productos médicos y cosméticos para obtener muestras y pequeños obsequios, mientras los salones de conferencia estaban virtualmente vacíos.
Es alentador poder informar que recientes artículos, editoriales de las más prestigiosas revistas médicas y aún libros, junto a escuelas de medicina, hospitales universitarios y grupos médicos, están uniendo esfuerzos para cambiar las reglas del juego, evitando el mal uso de los fondos provenientes de la industria farmacéutica en actividades éticamente inaceptables.
Es conveniente para ambas partes mantener la colaboración, respetando reglas transparentes que deben ser rediseñadas.
Francisco Kerdel-Vegas
francisco.kerdelvegas@gmail.com
ppmt2008.-

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