En materia de deberes aburridos, cada quien carga su cruz.
"A mí me choca escribir informes. Los detesto, les saco el cuerpo. No me queda más remedio, pero de verdad los odio", reconoce jocosamente el psiquiatra Juan Carlos Angeli. "Lo importante es que uno mismo aprenda a reconocer ese fastidio, aceptarlo y dominarlo. La manera que yo he encontrado para resolverlo es decirle a esa persona que necesita el informe que venga mañana, que a tal hora se lo tengo listo. Así no tengo escapatoria".
Hay quienes lo aplazan todo y los que sólo evaden un tema puntual. Para algunos es una racha; para otros, un vicio crónico.
"En distintos grados, por lo general, son personas que tienden a rumiar mucho lo que harán.
Buena parte de ellos son muy perfeccionistas y siempre están esperando un momento o un humor `ideal’ para hacer las cosas. Todo lo hacen en su cabeza pero no en la acción, y cuando se dan cuenta, el tiempo real que les queda para ejecutar esa tarea es muy corto", explica la psiquiatra Eva Salas. "Es gente que en apariencia se planifica, que toma en cuenta muchos elementos –a veces demasiados– y no logra unificarlos en un mismo objetivo. También le cuesta establecer prioridades, y por todo eso se siente abrumada y no termina de arrancar.
Otros postergadores dejan las cosas para después por rebeldía o porque sencillamente les da igual hacerlas o no, pero lo más común es que quienes corren más a última hora sean los más perfeccionistas".
Esperanza y poder. La experta sostiene que parte del problema se resuelve depositando más confianza en las propias capacidades. "A veces el hecho de concretar y terminar algo depende de la confianza que uno tenga en su propia habilidad para hacerlo bien: si confías en ti mismo, sientes que tú puedes. La idea es que la persona se convenza de que puede lograr esos objetivos sobre la marcha, sin perder tanto tiempo pensando en cómo los va a enfrentar sin equivocarse ni una sola vez. Si en el camino va errando, debe confiar en que también irá aprendiendo y corrigiendo lo que salga mal. Lo importante es que se sienta motivado para culminar eso".
El autoestima frágil también puede sabotear la puntualidad.
"No es así en todos los casos, pero hay algunas personas que no se atreven a afrontar las cosas porque les asusta lo que pueden obtener con el resultado: por un lado pueden tener mucho miedo a fallar, y por el otro, temerle al éxito que puedan obtener, si en el fondo sienten que no se lo merecen. Son miedos y culpas que a veces uno mismo no logra reconocer, sino que más bien tienen sus bases en el inconsciente", dice la experta. Angeli coincide. "Además de probarse a sí mismo, es de esperarse que si uno teme el juicio de los otros, tienda a evitarlo también". Las consecuencias de vivir bajo esa presión permanente y autoimpuesta no se hacen esperar: es muy común que el postergador se sienta constantemente frustrado, preocupado, deprimido y culpable consigo mismo por lo que no ha hecho todavía. En los casos más serios, es probable que presente insomnio, ansiedad y mayor tendencia a consumir café, alcohol o cigarrillos.
¿Tiene que ser hoy? En el argot popular venezolano existen cantidad de sinónimos para lo mismo: manguarear, pajarear, guabinear, arrugar, echar carro, escurrir el bulto: todos aplican para no hacer enseguida lo que a veces toca cumplir al final de todos modos.
Existe la impresión de que Venezuela es un país de postergadores.
¿Eso es cierto? "Yo creo que sí", opina Eva Salas. "Dejar las cosas para después o para última hora pareciera algo que todo el mundo tiene asumido como un rasgo colectivo. Si hay que hacer un trabajo de reparación en una calle, uno asume que pueden pasar meses antes de que la arreglen. Más bien uno se sorprende si no es así".
Para abordar el problema, hacer psicoterapia puede ayudar a un postergador a revisar y ajustar sus propias concepciones sobre el tiempo, la responsabilidad, la relevancia, la urgencia y el autoestima. "Una de las cosas que uno tiene que preguntarse cuando le cuesta emprender algo, es si realmente eso es lo que quiere. ¿Yo quiero hacer esto, o no? ¿Es un objetivo propio o es un compromiso con otros? ¿Qué puedo sacar yo de esto? Según las respuestas que obtenga, entonces cada cual debe sincerarse en si va a hacerlo o no", ilustra Salas. En el peor de los casos, al mal paso, darle prisa. "Por lo general, uno gasta mucha más energía en toda la ansiedad de no haber hecho esa tarea a tiempo, que cuando hace un esfuerzo y por fin sale de eso de una vez".
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