Si muchos supieran que un sólo donante puede ayudar a más de 50 personas, sería posible aumentar sustancialmente en Venezuela este generoso acto, sólo materializable al término de nuestra vida.

Sin embargo, somos uno de los países en donde el número de donantes en comparación con la población, es uno de los más bajos del mundo. Reducir esta brecha, pasa por incrementar la disponibilidad de órganos para trasplantes, informa la Lic. Zoraida Pacheco, gerente ejecutiva de la Organiza-ción Nacional de Trasplante de Venezuela (ONTV), quien adelanta que éste es el objetivo de esa institución, encargada de ejecutar el Sistema de Procura de Órganos y Tejidos (SPOT) bajo la Rectoría del Ministerio de Salud.

Aparte de los numerosos mitos y falsas creencias existentes en torno al tema, la actitud de la familia de los potenciales donantes dificulta esta posibilidad, aun cuando el fallecido haya dejado constancia en vida de su deseo de donar sus órganos.

Según Pacheco, las familias que apoyan la donación de órganos están poco dispuestas a decir “sí”, a la donación de un familiar por miedo a tomar una decisión equivocada, pero ellos son los autorizados para decidir si los órganos del fallecido van a ser donados o no. Si la persona fallecida decidió ser donante en vida, sus parientes deberían respetar su voluntad, en el caso de que se niegue, esa es la decisión a respetar, aclara la ejecutiva de ONTV.

Por eso es importante hablar ahora sobre el tema con los allegados, porque esto evitará confusión en el momento de una tragedia. “La experiencia indica que los familiares están más dispuestos a donar si el tema ha sido conversado previamente”.

Es importante saber que ni la calidad del tratamiento médico hospitalario, ni los esfuerzos por salvarle la vida serán puestos en peligro para el futuro donante, que recibirá el mejor cuidado independientemente de sus deseos de donar. La donación de órganos sólo se plantea cuando los galenos ya han agotado todos los recursos para salvarle la vida y cuando se ha declarado la muerte, aclara Pacheco.

Los trasplantes (corazón, pulmón, hígado, riñón, páncreas e intestino) pueden salvar una vida, en tanto que los tejidos (córnea, piel, hueso, válvulas del corazón, tendones, venas, etc.) restauran la visión, combaten infecciones en pacientes quemados, evitan la pérdida de un brazo o piernas. Ni la edad, ni la historia médica significan que alguien no pueda convertirse en donante; lo que determina si los órganos pueden ser útiles es su condición al momento de la muerte.

Vida después de la vida

El trasplante es una terapéutica que sirve para restituir la función de tejidos y órganos dañados y así mejorar las condiciones de vida de determinados enfermos, lo cual constituye su única esperanza de vida.

Las partes del cuerpo útiles para trasplante son, además de los órganos sólidos (riñones, hígado, corazón, pulmones y páncreas), tejidos tales como huesos, piel, válvulas cardíacas, vasos sanguíneos, córneas.

De esta manera podrán beneficiarse enfermos con insuficiencia renal que requieran tratamiento de diálisis para poder sobrevivir; los enfermos aquejados de determinadas enfermedades incurables del corazón, hígado o pulmón, con una esperanza de vida de pocas semanas o meses.

Se benefician, igualmente, los enfermos de diabetes no controlable con posibilidades de desencadenar ceguera e insuficiencia renal, las personas con discapacidad visual por causas diversas o con otras patologías que requieran la reposición de algún tipo de tejido.

Cualquier persona es un donante potencial, subraya Pacheco, siempre y cuando en vida no se haya manifestado en contra de la donación.

Las condiciones médicas en el momento de la muerte, determinarán qué órganos y tejidos son válidos para el trasplante, pero la persona debe morir en un centro de atención médica: “Sólo así podrá mantenerse el cuerpo artificialmente desde el momento de la muerte hasta que se produzca el proceso de la extracción”.

Diario El Carabobeño / Suplemento Médico/ppmt2008.-