Cuidar desde el vientre
La generalidad de las personas imagina que la mayoría de los embarazos y partos se desarrollan sin complicaciones, tanto para la madre como para el niño que crece en su vientre. Sin embargo, la realidad no es así. En este contexto surge la medicina materno-fetal, rama de la obstetricia y ginecología, como la opción para detectar y tratar a tiempo los problemas que presente el feto en su periodo de gestación.
Estas patologías pueden detectarse mediante exámenes de ultrasonido y otras pruebas especializadas. El propósito es preservar la vida de los bebés que no han nacido y brindar esperanza a sus familias, ya que al detectar e identificar las anormalidades fetales lo más temprano posible, se le ofrecerá al niño el tratamiento oportuno una vez que haya nacido.
Así ocurre en los casos de espina bífida e hidrocefalia, patologías relacionadas con la Neurología Fetal, nueva rama de la medicina perinatal. Cuando se detecta que un feto padece una anomalía de esta naturaleza a través de exámenes, los especialistas conforman un equipo multidisciplinario con la presencia de neurólogos pediátricos, genetistas, obstetras, patólogos, neurocirujano pediátrico y luego de una junta aconsejan a la familia qué hacer cuando el niño nazca, o en los casos más graves, si la legislación del país lo permite, realizar un aborto que ponga fin a la gestación. Este interesante tema fue abordado durante el II Curso de Medicina Fetal, organizado por Sanitas Venezuela en Caracas.
Detección temprana
El doctor Gustavo Malinger, especialista en medicina y neurología fetal de Israel, señala que hoy en día el diagnóstico de las patologías neurológicas en el feto se hace a través del examen de ultrasonido, realizado en la décima o undécima semana del embarazo.
Agrega que las afecciones neurológicas más frecuentes son la hidrocefalia -crecimiento patológico de los ventrículos cerebrales-, anancefalia o ausencia de cerebro -el niño tiene líquido en el cerebro-.
Otra de las patologías comunes es el problema de la espina bífida, que se presenta cuando el niño nace con la espina abierta y de acuerdo a la gravedad del caso, el infante pudiera presentar a lo largo de su vida dificultades motoras y cerebrales.
Hay otros problemas menos frecuentes como las hemorragias cerebrales, infecciones en el cerebro causadas por virus que pueden dañarlo severamente como el citomegalovirus.
Con respecto a las semanas de gestación donde pudieran presentarse, el especialista israelí comenta que patologías muy severas como la falta total del cerebro o anaencefalía, se detectan en la semana 9 ó 10 del embarazo, pero no todas las madres se hacen un ultrasonido en esta etapa.
“La anaencefalia es un defecto letal y cuando se diagnostica, en la mayoría de los países del mundo, la madre puede realizarse el aborto, si lo desea”, refiere. Al hablar de los tratamientos que deben seguirse cuando se detecta una anomalía, explica que dependerán de la legislación del país, pues muchas veces para este tipo de malformaciones la indicación médica es el aborto, contemplado en diversas naciones a partir de la semana 24. “Cuando damos el consejo no decimos a la madre qué es lo que tiene que hacer, eso depende de la familia, de la formación religiosa, etc., lo más importante es informar a la familia, porque si la familia no asume el aborto, está preparada de que algo viene mal”.
Espina dividida
Sobre la espina bífida, explica que es un defecto embriológico ocasionado por el cierre incompleto del canal neural que ocurre generalmente al comienzo del embarazo -día 24 ó 26-, a consecuencia de la falta de ácido fólico tanto en la madre como el niño.
La ausencia de esta vitamina retarda el cierre del tubo neural.
Por esta razón, en muchos países del mundo se suplementa la comida con ácido fólico o se recomienda a la paciente, cuando el embarazo es planificado, tomarlo tres meses antes de la concepción.
La incidencia en Estados Unidos y en Europa, es de 0,2 por mil nacimientos y en Venezuela es 1.8 por mil.
Esta afección puede detectarse temprano, entre la semana 13 y 14 de la gestación, pero en muchos casos no se diagnostica, así que el grado de experiencia de quien hace el ultrasonido será determinante.
“También se detecta a partir de la semana 17 ó 18 del embarazo, a través de un examen de sangre denominado proteína fetal alfa. El resultado de la prueba da la sospecha de espina bífida y en ese caso es más fácil diagnosticarla”, indica.
Los pacientes con espina bífida pueden ser operados, pero el daño producido en el cerebro es irreversible. Esta patología produce daños motores, parálisis de los miembros, problemas en los esfínteres anales y urinarios y en muchos casos el cerebro no se desarrolla normalmente, lo que deriva en retraso mental, hidrocefalia, etc.
Hoy en día existe en Estados Unidos y en Polonia un proyecto denominado MOMS, aún en experimentación para pacientes americanos, en el cual se opera al niño en el útero mediante una cesárea, donde se exterioriza el feto, corrigen el defecto de la espina bífida, vuelven a introducirlo, cierran el útero y sigue el embarazo.
Este estudio comenzó durante 2003 y finalizará en 2008, se lleva a cabo en tres hospitales de Estados Unidos y tiene un presupuesto de un billón de dólares. Hasta ahora se han operado unos 200 casos de espina bífida dentro del útero, pero no se conocen los resultados.
“Son estudios experimentales, la mitad de los participantes son por sorteo, para poder comparar luego los resultados con los que no fueron operados, porque a veces es mejor no operar al bebé dentro del útero, sino esperar que nazca para tratarlo”, agrega Malinger.
Problemas difíciles de detectar
El neurólogo fetal explica que los problemas con el crecimiento del cerebro a veces no son fáciles de diagnosticar. “El cerebro –señala-, se desarrolla durante la gestación y después del parto sigue creciendo”.
Teóricamente ese es el problema que se enfrenta, porque a una señora le hacen un examen en la semana 21 ó 22, -que es lo común en Venezuela- y todo va bien.
Pero, luego en la semana 32 le hacen otro examen de ultrasonido y aparece un problema cerebral, o al momento del parto nace un niño con malformaciones tremendas, que estará postrado durante toda su vida.
“En este sentido tratamos de enseñar y concienciar a los especialistas que un ultrasonido normal en la semana 19 ó 20 todavía no dice que el niño será normal.
Es cierto que estos casos son raros y poco frecuentes y no ocurren en la mayoría de la población, pero teóricamente ocurren y las familias deben enfrentarse con problemas que no esperaban”.
- La cantidad de patologías neurológicas es muy grande. Por lo general en el examen rutinario de ultrasonido lo que diagnostican son los problemas más severos y los más evidentes.
Hoy en día existe la posibilidad de realizar resonancias magnéticas del feto, siempre y cuando los resultados del ultrasonido no estén lo suficientemente claros y precisos, apunta.
Nely Gómez/ Foto: Clemente Espinoza/ppmt2008.-

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