Argenis J. Ramírez
Los primeros seis meses de vida de un ser humano son de especial importancia para determinar lo que será su bienestar y calidad de su vida futura. Por ello, padres, madres y profesionales de la salud hacen todo lo posible por garantizar que desde el principio el o la bebé cuente con todo lo necesario para sentar las bases de un futuro saludable y feliz.
La alimentación es uno de los aspectos en los que tanto padres como especialistas ponen un énfasis especial, pues de su calidad depende la salud y crecimiento del pequeño o pequeña. Es bien sabido que una dieta que incorpore los elementos apropiados y en la medida correcta es esencial para que el físico y la mente del niño o niña se desarrollen apropiadamente.
Sobre este particular, el doctor Marcelo Quevedo, médico investigador especialista en Metabolismo asevera que todos los nutrientes aportan algo al organismo infantil, y que entre ellos destacan las proteínas, y los aminoácidos que éstas contienen.
¿Qué son?
“Aminoácidos” es una palabra compuesta, que está formada por los vocablos “amino”, que se refiere a un grupo de nitrógenos y un carboxilo, que es un ácido. Las proteínas (todas) están hechas de aminoácidos, y existen 20 grupos de estos componentes, los cuales combinados, dan lugar a todas las formas de vida posibles.
Las proteínas se encuentran en todo tejido que tenga origen animal, como la carne, pescado, huevos y leche, además de algunos vegetales y frutas, aunque en menor medida. Los aminoácidos se dividen en dos tipos: esenciales y no esenciales. Los últimos son producidos por el propio organismo de acuerdo con sus necesidades, mientras que los primeros deben ingresar al cuerpo a través de la alimentación, y son de los que debemos estar pendientes.
Fuente primaria
Lógicamente, las necesidades nutricionales se van modificando en las diferentes etapas de la vida, y ello incluye los aminoácidos. En los primeros meses de vida, la fuente por excelencia de este nutriente es la leche materna, debido a que la madre naturaleza, en su inmensa sabiduría, la dotó de la concentración ideal para el desarrollo del lactante.
Tan interesante es este fenómeno, que el doctor Quevedo asegura que existen investigaciones científicas que afirman que a medida que el niño va creciendo y se van modificando sus necesidades nutricionales, va adaptándose de la misma manera la leche materna para suplir esos requerimientos.
En la leche de un seno femenino hay dos componentes importantes: que son el suero y la caseína, y en esto radica la principal diferencia con las fórmulas elaboradas a partir de productos vacunos que cuentan sólo con el segundo ingrediente, mientras que en el primero es en donde se concentran los útiles aminoácidos. Por ello se ve como contraproducente el hecho de que se sustituya el esencial alimento maternal. “La biología es muy clara en esto, la leche de vaca es para alimentar los terneros”, expresa Quevedo.
En este suero, se puede encontrar también una proteína llamada alfalactoalbúmina, que es muy importante, pues está relacionada con la absorción de calcio por el organismo, además de contribuir con la defensa biológica del infante ante microorganismos. También está presente el triptófano, que es la base de una sustancia llamada serotonina, que está directamente relacionada con el estado de ánimo de la persona, los estados de ansiedad y los ciclos sueño-vigilia, y que se encuentra en condiciones óptimas en la leche proveniente del seno de la mujer.
Otra de las bondades de los aminoácidos en la nutrición infantil tiene que ver con el crecimiento del lactante, pues hay estudios que han encontrado relación entre su consumo y el crecimiento y desarrollo. De hecho, estas sustancias son valiosos componentes del tejido muscular. Por ello, es importante ver si el niño o niña está presentando una talla y peso considerados dentro de los rangos normales para su edad, pues esto puede ser indicio de que los componentes apropiados para la evolución del o la bebé no le están siendo suministrados en la medida suficiente.
Exceso
Otro de los aspectos “mágicos” del amamantar es que sin importar el estado nutricional de la madre, su leche siempre va a tener las concentraciones correctas de los componentes necesarios para el buen desarrollo de su hijo o hija.
Por eso, el consumir suplementos con aminoácidos, del tipo de los que usan los físicoculturistas y personas con regímenes alimenticios especiales, lejos de ayudarle, puede crearle un problema.
Estas formulaciones que proveen aminoácidos, son generalmente derivados de leche o de albúmina de huevo, que son procesados para liberar estos componentes. Para los deportistas y quienes necesitan aumentar su tono y masa muscular pueden ser beneficiosos. No obstante, para una madre o alguien con daños hepáticos puede traer graves problemas. “Resulta que los aminoácidos son procesados por el hígado, que toma lo que el organismo necesita y desecha el resto a través de la orina. Cuando la función hepática no se realiza de manera correcta, hay peligro de que ese exceso de aminoácidos pueda ser tóxico”, asegura Quevedo.
La Organización Mundial de la Salud recomienda que a partir del segundo trimestre de la gestación, el consumo de proteínas aumente ligeramente con respecto a una dieta “normal”, pero no recomienda el consumo de ningún tipo de producto o suplemento adicional.
Sólo alimentos sanos, especialmente el pescado, derivados lácteos y una cantidad generosa de frutas y vegetales. Así que las damas embarazadas no deben preocuparse por generar la cantidad de aminoácidos necesaria para la criatura que se forma en su vientre, pues la naturaleza se encarga de hacer el trabajo de manera maravillosa. Todo lo que tiene que hacer es ofrecerle el fruto de su seno a su hijo, y le dará el mejor de los regalos para su salud y desarrollo.
Dieta paulatina
La recomendación más importante que Quevedo le realizó a todas las madres y a los padres es que no sustituyan por ningún otro elemento la leche materna durante los seis primeros meses de vida del lactante, ya que en ese período este alimento natural suple de manera más que suficiente todos los requerimientos nutricionales del bebé.
Luego de transcurrida esa etapa, puede complementarse la alimentación con otros productos para lactancia de los que existen en el mercado, y que paralelamente se vaya introduciendo en el pequeño poco a poco en la dieta de la familia, dándole pequeñas porciones de frutas, la clara del huevo, granos como la arveja, caraota o maíz, y en menor medida carnes, para que se vaya supliendo de otras fuentes los requerimientos de proteínas. “La idea -expresa Quevedo- es que para alrededor del año de edad, el niño esté completamente integrado a la dieta de la familia”, que provee una cantidad más que suficiente de proteínas para el óptimo desarrollo de quien se encuentra en crecimiento.
ppmt2007.-

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