De cada diez personas, ocho se aplican un fármaco sin consulta médica.
Hay gente que no se toma la Medicina muy en serio o al menos no le da toda la seriedad que debería. Esto sucede especialmente entre aquellas personas que tienen alguna dolencia y optan por administrarse medicamentos para paliar el mal sin que medie para ello la evaluación de un médico especialista.
Juan Marques, cardiólogo y director médico de Pfizer de Venezuela, explica que se trata de dos fenómenos parecidos en esencia pero que vale la pena diferenciar:
"Uno es automedicarse, que es cuando la gente compra medicamentos de venta libre como antigripales y antialérgicos, que se consiguen en los mostradores de las farmacias y que han sido recetados o utilizados en enfermedades anteriores con buenos resultados. Lo otro es autoprescripción, que es realmente el problema y ocurre cuando la gente compra un fármaco porque alguien, que no fue un médico, le dijo que le puede funcionar para el mal que tiene".
No existen estadísticas oficiales firmes que indiquen cuántas personas realizan estas prácticas, sin embargo, el cardiólogo comenta que, de acuerdo con estudios realizados, "las cifras de automedicación y autoprescripción, juntas, son de 80%".
Esto equivale a decir que de cada diez personas con algún tipo de quebranto de salud, ocho se aplican el fármaco sin previa consulta y asesoría médica. "Eso se produce gracias a que en el país no hay necesidad de récipe médico para comprar medicamentos, salvo que sean psicotrópicos o antibióticos", subraya Marques y precisa que "puede esconder enfermedades, producir efectos adversos e interactuar con otros medicamentos que esté tomando la persona previamente; por ello sólo es el médico el único que evalúa la situación del paciente y decide en cada caso particular cuál medicamento se debe administrar".
Para el cardiólogo existen varias situaciones que favorecen la autoprescripción en el país: "Una de ellas, y muy grave, es que hay buhoneros que venden medicinas que en la mayoría de los casos no tienen ni siquiera registro sanitario". Otra es que "no es tanto que la gente busque los medicamentos, sino que hay muchas personas a las que les gusta recomendarlos, sin haber siquiera estudiado medicina. En Venezuela hay 26 millones de habitantes y pareciera que 24 millones son médicos, porque a casi todo el mundo, el vecino, el amigo, el familiar, le gusta recomendar cualquier remedio para curar tal o cual enfermedad".
Otra distorsión se ve mucho en las farmacias, cuando una persona le pregunta hasta al mismo cajero que despacha los pedidos qué es bueno para la enfermedad que padece. Lo peor es que esta persona se la sugiere sin que necesariamente medie la mala intención, sin embargo, ésta no es una buena práctica: "En una farmacia, si el sistema funcionara bien, sólo el farmaceuta regente es quien puede recomendar una medicina porque tiene entrenamiento básico para orientar al paciente en casos sencillos como gripe, diarrea y dolores de cabeza", explica Marques.
En casa también llegan a suceder prácticas indebidas: "Hay gente que guarda los medicamentos que le son recetados por sus médicos, porque les fue bien durante mucho tiempo; pero no toman en cuenta que esas medicinas se vencen y si bien ello no necesariamente redunda en pérdida de eficacia, en la mayoría de los casos puede causar efectos secundarios".
Entre los efectos adversos de administrarse fármacos de manera individual sin contar con el control médico están el presentar alergias a los medicamentos, aumentar o disminuir la sensibilidad al mismo y otros efectos secundarios que pueden conllevar incluso hasta la muerte; "el único efecto benigno es que no produzca efecto alguno", destaca el galeno.
Las personas más susceptibles a la autoprescripción son los niños y ancianos. El primero grupo porque las dosis individuales deben ir acorde con el peso y eso lo establece el médico. El segundo grupo porque por lo general las personas mayores consumen distintos tipos de medicamentos y el incluir en la lista uno más sin supervisión facultativa puede afectar la efectividad de los demás.
DANIEL HERNÁNDEZ
EL UNIVERSAL
ppmt2007.-

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