La guerra contra los infartos, la hipertensión arterial o la insuficiencia cardiaca, tres de los males que acaba con más vidas en buena parte del mundo occidental, no sólo se libra con técnicas de diagnóstico precoz, fármacos anticoagulantes, la cirugía o los cambios en el estilo de vida y la alimentación. Uno de sus frentes más decisivos es el de la información que maneja el propio paciente sobre su salud: tanto la que traslada al médico que le trata, a menudo incompleta, como la que considera verdadera respecto de su trastorno y que muchas veces no lo es.

Mimos para su salud

Según los expertos hay una serie de aspectos que toda persona debería tener presente al acudir a la consulta del cardiólogo:

• Prepare sus preguntas. Escriba una lista de las cuestiones que quiera plantear a su doctor. Al referirse a sus problemas cardiovasculares, asegúrese de que toca todos los factores de riesgo, incluyendo la presión sanguínea y el colesterol elevados, así como sus hábitos de vida: el tabaco, el ejercicio y la dieta. Lleve una lista de la medicación que toma.

• Conozca sus números. ¿Sabe cuáles son su presión arterial y sus niveles de colesterol? ¿Tiene idea de cuáles deberían ser? Pregunte a su doctor, cada vez que lo visite, si están dentro de la normalidad.

• Averigüe sus riesgos. Si recibe tratamiento para su hipertensión, pregunte al médico si ha medido su colesterol: dos de cada tres personas que tienen elevada la primera, también tienen alto el segundo. Si ese es su caso, puede correr un peligro importante de sufrir un infarto o derrame cerebral, especialmente si tiene otros factores de riesgo.

• Repase su historia familiar. Si algún pariente cercano ha sufrido un ataque cardiaco, especialmente a una edad temprana, coménteselo a su médico, ya que ello aumenta sus posibilidades de tener el mismo problema. Aunque no pueda cambiar su genética, puede rebajar su riesgo, controlando otros factores de riesgo, como la hipertensión o el colesterol.

• Discuta sus progresos. Explique a su médico, qué cambios de estilo de vida ha introducido. Cuando hable con él de sus niveles de tensión sanguínea y colesterol, compárelos con las mediciones anteriores, y si no se está acercando a su objetivo, pregunte qué más puede hacer para controlarlos.

• Atienda su diabetes. Muchos diabéticos se preocupan por la pérdida de la visión o la posible amputación de un miembro, pero olvidan que su dolencia favorece los problemas del corazón, incluso si su presión sanguínea y colesterol son relativamente normales. Asegúrese que su médico valora todos sus factores de riesgo, junto con sus niveles de azúcar.

• Haga caso al médico. Programe visitas regulares a su especialista, y háblele del estado de su salud y de la medicación que está tomando.

Mitos para desterrar

Además, las últimas investigaciones descartan una serie de falsas percepciones que pueden ser perjudiciales, porque inducen a bajar la guardia o cometer errores en materia de salud:

• Si se alimenta bien y hace ejercicio no debe preocuparse. FALSO: Estas medidas son importantes, pero aún así puede desarrollar una enfermedad cardiovascular (ECV), dado que puede tener otros trastornos y hábitos que aumenten su riesgo global, como fumar, beber en exceso, padecer diabetes, tener unos niveles relativamente altos de presión arterial o colesterol.

• Si controla su presión sanguínea, no importa el colesterol. FALSO: Aunque controlar la hipertensión arterial es un paso fundamental para reducir el riesgo de sufrir un ataque cardiaco o apoplejía, ello no basta, ya que las ECVs se deben a la combinación de una serie de factores, cuantos más, peor, por lo cual hay que conocerlos y controlarlos todos.

• Las mujeres están a salvo. FALSO: Las ECVs no son sólo un problema masculino: cada año, 8,6 millones de mujeres fallecen debido a una de estas dolencias, lo que supone uno de cada tres decesos femeninos.

Si es joven y saludable despreocúpese. FALSO: Las ECVs no suponen una amenaza inmediata para la mayoría de los adultos jóvenes, pero la concentración de la placa grasa de colesterol en las arterias puede comenzar al final de la adolescencia y comienzo de la edad adulta.

Un ataque cardiaco a los 50 años, puede deberse a la rotura de una placa que comenzó a formarse a los 20 años. Hay que mantener la presión sanguínea y el colesterol controlados desde la juventud.

• Sólo hay peligro si su tensión o colesterol se disparan. FALSO: Incluso los niveles moderadamente elevados de presión sanguínea y colesterol LDL o nocivo, pueden ser dañinos, sobre todo si coinciden con otros factores de riesgo. Una persona con estos factores moderadamente elevados, tiene el mismo o mayor riesgo de desarrollar una ECV, que alguien que tenga sólo la tensión o el colesterol muy altos.

• Una vez controlado el riesgo no hace falta medicarse. FALSO: La hipercolesterolemia y la hipertensión arterial no pueden curarse: sólo pueden controlarse por medio de cambios en el estilo de vida, como hacer ejercicio regularmente y alimentarse adecuadamente, y en algunos casos, mediante tratamiento farmacológico, que deben mantenerse de por vida.

• Basta con cambiar el estilo de vida. FALSO: Hacer ejercicio, llevar una dieta correcta y dejar de fumar, son medidas esenciales para controlar el riesgo cardiovascular, pero sólo el médico puede decir si son suficientes y en la mayoría de los casos no lo son, o el paciente necesita tomar una medicación para reducir su colesterol y otros problemas.

• Si el problema está en sus genes no puede remediarlo. FALSO: Una persona con antecedentes familiares de ECV no puede modificar su código genético, pero puede reducir su riesgo global, controlando otros factores: por ejemplo, tratando su diabetes, perdiendo peso, controlando sus niveles de colesterol y tensión arterial o dejando de fumar.

• Si toma medicación no debe controlar la dieta. FALSO: Aun cuando tome fármacos para reducir el colesterol o la tensión arterial, es vital mantener una alimentación saludable y hacer ejercicio físico con regularidad. Estos cambios de estilo de vida, combinados con la farmacoterapia, pueden reducir tanto estos dos factores de riesgo, como el riesgo global.
Ricardo Goncebat / E F E .-
ppmt2007.-