Londres (dpa) Los seres humanos pueden rastrear huellas olfativas al aire libre y entrenar esa capacidad exitosamente, indicó el grupo de Jess Porter de la Universidad Berkeley en California a la revista especializada "Nature Neuroscience" en su última edición.

En base a un estudio de campo, el equipo de científicos dedujo que el sentido humano del olfato es considerablemente mayor de lo que se suele creer. El resultado del estudio fue sorpresivo, ya que las personas que hicieron el experimento detectaron una huella de esencia de chocolate.

La prueba consistió en que los participantes del experimento siguieran una huella aromática de 10 metros de largo sobre una superficie de pasto.

Para que su único guía fuera el olfato, les inhibieron otros sentidos: les taparon los ojos, les pusieron auriculares y en las manos, guantes gruesos.

De las 32 personas que hicieron la prueba, 21 pudieron seguir la huella desde el principio, señalaron los investigadores.

Porter y sus colegas también demostraron que mediante la práctica, el ser humano puede mejorar de forma considerable esta capacidad: luego de tres días de ejercicios en el marco de dos semanas se duplicó la velocidad con la que los practicantes seguían una huella olfativa, aunque ésta no superaba los cuatro centímetros por segundo.

El entrenamiento también derivó en que la búsqueda de la huella olfativa fuera más perseverante: los que hicieron el experimento olfateaban más veces con una creciente velocidad de búsqueda. Esto es necesario para recibir la misma cantidad de información olfativa en un movimiento más veloz, presumen Porter y sus colegas.

De todas maneras, la velocidad humana no se acerca a la frecuencia que tienen los perros al husmear: con alrededor de seis aspiraciones por segundo, son aproximadamente 10 veces más rápidos que las personas que tienen varios días de entrenamiento.

Para las capacidades de los seres humanos, y presumiblemente de todos los mamíferos, es importante oler con los dos orificios nasales por separado, destacaron los investigadores.

En este contexto, cuando hicieron el experimento constataron que si a los practicantes les tapaban un orificio nasal, o si ambos orificios recibían el mismo flujo de aire, disminuía la perseverancia y velocidad de la búsqueda de huella.

Cuando las células olfativas del orificio nasal izquierdo perciben más sustancia aromática que el derecho, la cabeza se reubica hasta que todas las células nerviosas huelan de la misma forma. De esa manera, tanto los seres humanos como los perros quedan equiparados en lo que concierne a seguir la huella correcta.

Porter y su grupo concluyen que el estudio hace presumir que el olfato de las personas es considerablemente mejor que la fama que tenía hasta ahora, y que éstas son capaces de logros olfativos que no se conocía.
ppmt2006.-