Muchos adolescentes suelen asumir comportamientos que implican consecuencias verdaderamente dramáticas o indiscutible riesgo para su vida. Entre ellos: conducir bebidos o con exceso de velocidad, ingerir alcohol o drogas...
El hecho de que el adolescente asuma riesgos no está muy relacionado con su capacidad en la toma de decisiones. Se podría pensar que el desarrollo cognitivo del joven debería ser suficiente para analizar la situación, evaluar todas las implicaciones que a corto y a largo plazo tiene sus decisiones y, posteriormente, actuar de forma sensata. Sin embargo, esto no es siempre así.
El desarrollo cognitivo puede manifestarse en algunas áreas de la vida (nociones escolares, relaciones con los adultos...), aunque no en todas. Además la toma de decisiones está afectada, en el adolescente, por cuestiones de autoimagen, identidad, presión por parte de los compañeros, emociones... Por todo ello hay que entender que la toma de decisiones en el adolescente es algo más compleja que el mero análisis de su desarrollo cognitivo.

La sexualidad también es uno de los comportamientos de riesgo cuyas consecuencias, no suficientemente valoradas por los adolescentes, pueden ser: enfermedades de transmisión sexual o embarazos precoces no deseados. Los embarazos a estas edades son un problema de ámbito mundial que afecta al adolescente no sólo en el nivel físico sino también en el psicológico y social.
Aunque con la pubertad se inicia el desarrollo físico, que permite la maduración de las gónadas sexuales, esto no quiere decir que la joven esté aún preparada para poder quedarse embarazada. La NUBILIDAD (o capacidad para procrear niños sanos y normales sin consecuencias nocivas para la madre) aparece alrededor de cinco años después de la menarquía.
Además hay que considerar que para asumir la maternidad-paternidad no sólo es necesario una cierta madurez biológica sino también psicológica.
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PPMT2006.-