La vía oral o el contacto de persona a persona son los casos de contagio menos frecuente en materia de Leptospirosis, enfermedad aguda, febril que está en boga por el considerable número de casos que se han registrado en la zona porteña de Carabobo.

De allí que, si bien es importante la recomendación de lavar muy bien las tapas de los envases y/o enlatados antes de su consumo o proximidad a la boca, deben extremarse medidas al estar en zonas de alto riesgo, porque el agente que produce esta enfermedad puede estar presente en agua y arena, y al entrar en contacto con las mucosas y/o piel erosionada, ingresa al organismo.

La Leptospirosis es una enfermedad que en la mayoría de los casos se autolimita, es decir, el mismo organismo la controla, pero en otros produce ictericia, que se caracteriza por un color amarillento en la piel; insuficiencia renal y neumonitis (infección) hemorrágica.

Fiebre y escalofríos

Dependiendo de su severidad, se inicia con síntomas inespecíficos como fiebre, escalofríos, dolor de cabeza o cefaleas, erupción transitoria, náuseas y vómitos, que pueden durar una semana o varios meses.

Se le han detectado dos fases: en una hay dolores musculares, con prevalencia en la cintura, y en la segunda, fiebres, datos de meningitis, adenopatías, erupción, conjuntivitis y dolores musculares generalizados.

El 10% de los pacientes puede desarrollar trastornos renales e ictericia, proceso que en medicina se denomina enfermedad de Weil. Estos pacientes pueden desarrollar cuadros de neumonitis hemorrágicas, arritmias cardíacas y colapso circulatorio, lo cual se asocia a una mortalidad entre 0 y 40%.

Como medidas de control se recomienda la vacunación de los animales que, aunque no elimina la enfermedad, puede disminuir su severidad. En áreas de alto riesgo o endémicas, las personas propensas deben desarrollar programas continuos de prevención, ropa especial, guantes, normas de higiene, no estar en contacto directo con tierra ni agua de uso común como playas, piscinas, etc.

La espiroqueta es la causa

La Leptospirosis es causada por una espiroqueta del género Leptospira que se agrupa, debido a sus múltiples variantes, en las llamadas Leptospira Interrogans, y se excreta en la orina de los animales domésticos, líquido amniótico o placenta, de allí que pueda estar presente en el agua y en la tierra.
El humano se infecta, por lo general, a través de las mucosas o por erosiones de la piel que entren en contacto con tierra contaminada, agua, excretas o tejidos de animales, entre ellos las ratas.

Los más propensos a contraer Leptospirosis suelen ser veterinarios, militares, granjeros, personas que manejen ropa contaminada, que se encuentren en zonas de alto riego como lo es hoy Puerto Cabello, por el número de casos registrados. Vale mencionar que la contaminación de persona a persona resulta muy rara.

La Leptospirosis se puede aislar de sangre o de líquido cefalorraquídeo durante la primera fase de la enfermedad, y en la orina a los 8 ó 10 días de su desarrollo.
Su aislamiento no es fácil, requiere de técnicas especiales, incluso, esperar hasta 16 semanas de incubación. Por esa razón, las pruebas serológicas suelen ser la práctica más efectiva para el diagnóstico.

Los anticuerpos se consiguen durante la segunda semana de la enfermedad. Se pueden detectar por pruebas que ya vienen disponibles en diferentes marcas comerciales. Se ha encontrado que algunos pacientes tardan en formar anticuerpos, incluso algunos no los suben o los tienen ausentes.
Las personas con sospechas de poseer Leptospirosis deben acudir al médico, a la mayor brevedad, para que se le inicie tratamiento. Quienes lo asistan deben tener cuidado con la orina del enfermo, manejarla con guantes porque allí está otro canal de contagio.
Dr. Francisco Pérez Moó
Especialista en Pediatría
ppmt2006.-