La Bandera Nacional

Fue creada por el precursor de la independencia Francisco de Miranda, quien la izó por primera vez en Haití, en su buque-insignia el Leander, el 12 de marzo de 1806. Esta primera bandera estaba formada, al igual que la actual, por tres colores: el amarillo, el azul y el rojo.

En vísperas de la firma del acta de la independencia (5 de julio de 1811), Miranda era diputado del Congreso Constituyente. En la sesión de aquella misma tarde fue comisionado, junto a otros diputados, para elaborar un proyecto de Bandera Nacional. En la sesión del 9 de julio lo presentaron y fue aprobado.

La bandera era la misma que había ondeado Miranda en las costas de Haití y Venezuela. Sus colores eran amarillo, azul y rojo, en franjas desiguales: la primera más ancha que la segunda y ésta más que la tercera.

En el ángulo superior izquierdo de aquella bandera había, a modo de escudo, un rectángulo en el cual figuraba una india que sostenía en su mano derecha una pica o asta; detrás de ella la inscripción Venezuela libre y a sus pies una cinta con la palabra Colombia, la cual equivalía en ese entonces a escribir América.

Por orden del Poder Ejecutivo republicano, la bandera fue izada oficialmente, por primera vez, el domingo 14 de julio de 1811 en el Cuartel San Carlos de Caracas.

El 17 de mayo de 1817, en Pampatar, las autoridades emanadas del Congreso de Cariaco dispusieron que en la bandera se colocaran siete estrellas, en representación simbólica de las provincias que habían declarado en 1811 la Independencia de Venezuela.

El 4 de octubre de 1821, la Bandera Madre venezolana fue adoptada por el Congreso de Cúcuta para la Gran República de Colombia, que en diciembre de 1819 había sido fundada por el Libertador. En vez de estrellas, el escudo de la nueva República llevaría un haz de espigas con una cornucopia o vaso en forma de cuernos, que representaba la abundancia.

El Congreso Nacional de Venezuela de 1836 describía al nuevo pabellón nacional éste llevaría los mismos colores, pero en listas iguales horizontales de colores amarillo, azul y rojo.

De este modo, a partir de 1836, la bandera de Venezuela se diferenció de las que continuaron usando la Nueva Granada (hoy Colombia) y el Ecuador, cuyos colores son también amarillo, azul y rojo, pero con la banda amarilla más ancha que las otras dos.

La llamada Ley de los Símbolos Patrios de 1954, vigente en la actualidad, establece: "La Bandera Nacional es la que adoptó el Congreso de la República en 1811, formada por los colores amarillo, azul y rojo, en franjas unidas, iguales y horizontales, en el orden que queda expresado, de superior a inferior".

La mencionada ley señala además que la bandera "… llevará el Escudo de Armas de la República Bolivariana de Venezuela en el extremo de la franja amarilla cercano al asta y, en medio del azul, siete estrellas blancas de cinco puntas, colocadas en arco de círculo con la convexidad hacia arriba…"

Por decreto del 3 de julio de 1936, el 12 de marzo de cada año se celebra el Día Nacional de la Bandera.

La "octava estrella"
Darle vigencia al siguiente Decreto del Padre Libertador:
"Simón Bolívar. Jefe Supremo de la República Capitán General de los Ejércitos de Venezuela y de Nueva Granada. Habiéndose aumentado el número de las Provincias que componen la República de Venezuela, por la incorporación de la Guayana decretada el 15 de Octubre último, he decretado y decreto:
Artículo Único.- A las siete estrellas que lleva la Bandera Nacional de Venezuela se añadirá una, como emblema de la provincia de Guayana, de modo que el número de estrellas será en adelante de ocho.
Dado, firmado de mi mano, sellado con el sello provisional del Estado y refrendado por el Secretario del despacho, en el Palacio de Gobierno de la ciudad de Angostura, a 20 de Noviembre de 1817." (**)

Izar nuestra bandera desde este domingo 12 de marzo de 2006 con una estrella más es rescatar ese sueño del General Francisco de Miranda, del Libertador Simón Bolívar y de los demás próceres americanos. Es volver a la senda trazada, es retomar el rumbo hacia la verdadera y definitiva Independencia. Hacer realidad los derechos por los cuales lucharon los pueblos de Sudamérica, es hoy darle sentido a esa lucha. Es proclamar que la muerte de los miles combatientes en esa lucha no fue en vano. Sólo después de alcanzar el objetivo del juramento que hicieron los miembros de la insigne tripulación que acompañó al General Francisco de Miranda, permitirá decir que se es: "fiel y leal al pueblo libre de Sur América".