En la Semana Santa se celebran los misterios de salvación realizados por Cristo en los últimos días desde su entrada mesiánica en la ciudad de Jerusalén.

La semana santa comienza con el domingo de Ramos de la Pasión Señor, que une el triundo de Cristo -aclamador como Mesías por los habitantes de Jerusalén y hoy en el rito de la procesión de las palmas por los cristianos- y el anuncio de la pasión con la proclamacio´n de la narración evangélica en la Misa.

Los ramos no son algo así como un talismán, ni un simple objeto bendito, sino el signo de la participacón gozosa en el rito procesional, expresión de la fe de la Iglesia en Cristo, Mesías y Señor, que va hacia la muerte para la salvación de todos los hombres. Por eso, este domingo tiene un doble carácter, de gloria y de sufrimiento, que es lo propio del Misterio Pascual.

Los días que van hasta el Jueves Santo pertenecen al tiempo cuaresmal, pero están caracterizados por los últimos acontecimientos de la vida del Señor, con exclusión de otras celebraciones.

En la mañana del Jueves Santo (o en otro día cercano), el obispo celebra, junto con su presbiterio, la Misa Crismal o de los Santos Oleos, en la que se bendicen los óleos que se usarán para la celebración de los sacramentos.

Indicaciones Litúrgico Pastorales

* Las tres formas de realizar la celebración:

1) La Procesión.

Es la forma más expresiva, aunque también la más difícil, pues requiere de dos lugares diferentes de celebración: un lugar donde se congrega al pueblo, se bendicen los ramos, se acompaña procesionalmente al celebrante, que presenta a Cristo, con la palma o ramos en la mano, entonando cantos de victoria, hasta la Iglesia en donde se va a celebrar la Eucaristía.

2) La Entrada solemne.

Si no se dispone de un lugar adecuado, distinto de la iglesia, se puede recurrir a esta modalidad. En un espacio conveniente de la misma iglesia se bendicen los ramos y se lee el evangelio de entrada de Jerusalén, y desde allí el sacerdote celebrante, con los ministros y algunos fieles, desde sus lugares, siguen con sus palmas y cantos de aclamación esta marcha. No tiene sentido hacer la procesión saliendo de la iglesia para entrar de nuevo en la misa.

3) La Entrada sencilla.

Si no se puede hacer ni la procesión desde fuera ni la entrada solemne desde otro espacio de la iglesia, se debe al menos dar un relieve especial al canto de entrada de la Misa. A través del canto y de las moniciones los fieles aclaman al Señor victorioso que inicia su Misterio Pascual. Se podría hacer también que el pueblo repitiera solemnemente la antífona de entrada del Misal, junto con el Salmo 23 que da sentido a la fiesta.

En cualquiera de estas formas hay otro aspecto que no convendrí olvidar. El papel de los niños, así como a Jesús lo aclamaronen Jerusalén. Ha sido tradición antiquísima de la iglesia el canto y el protagonismo de los niños en esta celebración.
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ppmt2006