
Lo cierto es que mucho antes de que viniera a la Tierra nuestro Maestro Jesús, nuestros ancestros ya sabían que algo especial pasaba en el planeta el día más corto del año; inclusive los antiguos romanos inspirados por los griegos celebraban las fiestas de saturnalia en honor a Saturno, regente de Capricornio que se instala en este día.
Esto nos dice que en todas las épocas se reconoce que entre el 20 y 23 de diciembre hay una energía o magia especial que viene a nuestra madre Tierra. ¿Pero de dónde viene toda esa energía?
Definitivamente es un regalo del cielo que nos envía todos los años a través de los movimientos del planeta.
La Tierra se prepara para dar a luz la energía del amor.
Nuestro planeta tiene cuatro movimientos muy espaciales en los que se mueve la energía.
Esos movimientos son dos solsticios y dos equinoccios y los conocemos como primavera, verano, otoño e invierno.
En la mayor oscuridad ingresa a la Tierra la mayor luz, el Espíritu de la Navidad, y allí es cuando recibimos toda esa mágica energía que envuelve todo el planeta. La Tierra se imanta y nos contagia a todos de esos maravillosos sentimientos de amor, paz y solidaridad.
Los antiguos sabios dicen que por ser tan especial ese día, ha sido escogido por diversos maestros para nacer, pero hay uno en especial, un ser que ha marcado nuestra vida por su ejemplo de amor ilimitado, su pureza de intención y sus grandes lecciones de entrega, de justicia, de amor y sobre todo de perdón, Jesús, el Hijo del Padre. êl vino en estos tiempos a darnos todo, êl desafió todas las leyes naturales para venir y dar su vida por nosotros.
Vino en los momentos de mayor oscuridad a darnos su gran luz.
Así que lo que nos llega no es un viejo barbudo, sino una energía maravillosa que viene a reconocer el trabajo que hemos realizado durante toda una temporada y cual niños nos trae de regalo la luz y el amor de los maestros, con su energía de paz, amor, alegría y armonía, que despiertan en nuestros corazones sentimientos de hermandad, solidaridad, amor y paz que regalamos a todos incluyendo aquellos quienes en algún momento fueron nuestros enemigos.
Este regalo nos ayuda a perdonar y olvidar las desavenencias; así también despierta el entusiasmo en todo lo que hacemos. Por eso adornamos la casa, hacemos comidas especiales y así como recibimos este regalo del cielo nos inspiramos y nosotros también damos regalos que expresen nuestro amor y solidaridad por nuestros hermanos.
Cabe destacar que esta misma energía es la que inspira a ese maravilloso ser que fue Nicolás, quien decide dar todas sus ganancias del año en juguetes y regalos para todos, viviendo en santidad con mucho amor a la humanidad hasta convertirse en el San Nicolás que hoy cual leyenda como el gordo barbudo que lleva regalos a los niños conocemos en el mundo entero.
RITUALES Y PETICIONES
Dado que esta energía es un regalo, los seres humanos la hemos bajado a nuestro nivel pidiendo objetos materiales, sin darnos cuenta de que nos regalan una fuerza maravillosa para nosotros mismos generar nuestros deseos.
La sabia naturaleza nos demuestra con sus frutos lo maravillosa y abundante que es la vida y nos dice que podemos tener todo lo que siempre estamos buscando, y en esta época nos regala las mandarinas como símbolo de prosperidad.
Lo primero que deberíamos hacer es prepararnos para recibir esta energía, recuerda que es la gran luz quien viene a visitarte.
Debemos vaciar todo lo que ya no nos sirve para hacer espacio a lo nuevo, esto es vaciar y botar todo lo viejo y dañado que esté en nuestro hogar, pero también y más importante, es vaciar nuestro corazón de odios y rencores para recibir el amor que nos viene del cielo y que generará nuevas y mejores experiencias en nuestra vida.
Limpiar y pulir tanto nuestros hogares como nuestros cuerpos para compartir con los maestros; esto hará más fácil y ligero el contacto espiritual.
Llenar nuestro hogar de flores, frutas secas y mandarinas como el regalo que nos da la naturaleza en simbología de la abundancia y prosperidad que siempre estará en nuestro hogar.
Encender una luz que simbolice no sólo la luz en nuestro hogar, sino también la luz interna en nuestra alma para nuestro espíritu, en nuestra mente para nuestras acciones y en el corazón nuestros sentimientos.
Y sentarnos a hacer nuestras peticiones, pero ¿cuáles peticiones?
Es importante comprender que es un instante sagrado donde ya el cielo, el Padre, el universo te están dando una energía mágica de esencia sagrada, la llegada de luz a tu vida, a tu alma, a tu corazón.
A mi entender, es tan grande que en vez de pedir deberíamos simplemente disponernos a recibir esta gracia de luz, amor, paz, armonía y alegría.
Con eso podemos conseguir todo lo demás, es un instante sagrado para conectarnos con el cielo y tenemos otros 364 días para pedir objetos materiales que sabemos que con el poder de nuestros pensamientos podemos lograr, siempre y cuando le dediquemos atención y acción.
Pero si usted es de los que aun así quieren tomar ese instante sagrado para peticiones materiales, recuerde que primero es nuestra madre Tierra, la humanidad que en ella habita, el propósito y el bien común antes de nuestros intereses personalistas.
Vale la pena trabajar con el agua para limpiar cualquier negatividad, con la Tierra que es nuestra madre y nuestro soporte poniendo nueces y mandarinas como simbología de la prosperidad que nos genera, quemar nuestros deseos para purificar cualquier detalle negativo en nuestra intención y con incienso como simbología del aire para que eleve nuestro espíritu.
Así que dispónganse a comprender y a disfrutar del verdadero sentido y de la magia del Espíritu de la Navidad.
Moralinda Alcalá/ppmt2008.-
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El misterio de la Natividad se ha representado desde hace siglos por pequeñas figuras que forman el momento del nacimiento del Niño Jesús, al lado de la Virgen María y su esposo José. Según la tradición cristiana, el primero en realizar un pesebre fue San Francisco de Asís en el año de 1223, en las cuevas de Grieco (Italia), usando personajes y animales reales, para conmemorar la llegada al mundo del Niño Dios. Desde entonces la totalidad de los países católicos -entre ellos Venezuela- adoptaron el pesebre como uno de los símbolos navideños. Cada rincón venezolano le ha aportado una identidad cultural distinta y de alguna manera se conserva esta costumbre a la que se le han ido agregando otros elementos navideños provenientes de otras latitudes, como el arbolito y las guirnaldas, pero pareciera que hoy el espacio y el tiempo no son suficientes para mantener esta tradición.
